viernes, 17 de abril de 2009

¿La ciencia es la libertad de la educación?

La educación es el reflejo de la sociedad que la origina. Las sociedades tienen características propias que son transmitidas a los niños y jóvenes desde el primer momento de su estadía en las escuelas y esto la hace una poderosa herramienta para diseñar y determinar la forma de ser –y las limitaciones que tendrán- la sociedad en su conjunto.

Las clases gobernantes –y quienes detenten el poder detrás del poder- encontrarán en la educación básica un espacio donde transmitir y grabar sus intereses políticos, religiosos e intelectuales. La sociedad es la arcilla que se moldea con la mano de la educación. Por esta razón la educación debe ser libre, para que la sociedad se libere de la mano que la forja y se dé forma a si misma.

La libertad de la educación es posible cuando se apoya en la racionalidad. En lo que es. Y esto es posible sólo si tiene el carácter de ciencia. Si utiliza el método científico y se rige por sus parámetros.

Y los parámetros de la ciencia son la teoría, la investigación científica y el método científico, que para la Educación como disciplina serán la teoría educativa, la investigación educativa y los métodos científicos adaptados de diversas disciplinas. El objeto de estudio es el fenómeno educativo, el que a su vez es histórico, social e ideológico.

Atendiendo a la investigación educativa, es necesario mencionar que tiene carácter explicativo, es decir que tiene por objetivo dar cuenta de la realidad del fenómeno educativo, que es posible comprenderlo. Explicar significa dar a entender y para ello debe investigarse con rigurosidad científica, desapasionadamente. Y el componente que da valor –y norte- a las Ciencias de la Educación no puede ser más que la utopía, es el para qué de la educación.

Finalmente quiero estar de acuerdo con Gimeno Sacristán, autor de la definición de utopía, cuando reflexiona:

“La conexión entre la investigación y la acción pedagógica es condición de progreso del conocimiento científico sobre el objeto de las ciencias de la educación, de la validación del mismo, y de la creación de realidad, dando así cumplimiento a la veta innovadora que inevitablemente forma parte del hecho educacional”,

Y aquí estoy en desacuerdo con el profesor Mauricio Zevallos, de la Facultad de Educacion de la PUCP, cuando entiende como función la veta innovadora, prefiero comprenderla más bien, como la vena o el filón donde subyace la riqueza, esa riqueza innovadora que inevitablemente forma parte de la educación.

Maria Helena Herrera Masias
Lima, 2004

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